ESTADO DE FLOW.
En mi último viaje lo entendí. Oporto me entrego mucho más de lo que esperaba. Con mi carry y la mochila calzada en mis hombros llegue a una ciudad de la cual no esperaba mucho. Al llegar fui directo al apartamento que había rentado por unos 4 días. La soledad para esa altura ya no era una desconocida para mí, todo lo contrario. Una gran compañía.
En ese destino algo se había roto en mí. No sabía que era pero me sentía realmente como una extraña. La mujer estructurada y planificada que solía ser ante cada viaje, se había quedado atrás. Estaba vulnerable como pocas veces en mi vida. Estaba encantada con todo lo que miraba. Parecía un niño en una juguetería. Todo iba en cámara lenta. Hasta lo que probaba me era fascinante. Ese encanto bohemio se podía respirar por los aires.
Camine por el puente Luis I hasta llegar al Jardim de morro, un hermoso mirador. Todo era perfecto. La música de fondo, la vista al rio Duero, las personas a mi alrededor, el contacto de mis pies con el césped. Todo lo que veía me seducía.
Me sentía desbordada. Desbordada de felicidad. Un nivel de gratitud difícil de traducir en criollo. Gratitud por lo que parece obvio. Por estar viva, por respirar y por estar presente. Presente en esa colina que nunca voy a olvidar y a la que se que voy a regresar.







Lo primero que hice al regresar al apartamento fue dirigirme al balcón. Un sol resplandeciente de color naranja estaba ante mí y me daba la bienvenida. No había dudas, este era el lugar indicado para romperme cuantas veces quisiera. Para intentar desahogarme, abrazarme y hacerme todas las preguntas incómodas pero necesarias para conocerme.
Me descalce, puse mi playlist favorita y me prepare una taza de cafe. Que afortunada que soy pensaba. Y de repente me deje llevar. Empecé a mover el cuerpo, me solte el cabello y quede en ropa interior. Apague el celular por un rato, tome uno de mis cuadernos y me tire en el sillon.
Fue un momento de flow. Una sensación de plenitud, de placer insaciable. Sed de querer más. De querer más momentos como ese. Más momentos conmigo y menos con el afuera. Allí fue donde lo pude entender. Que placer, que plenitud. Que gozo y que flow. Ya quiero sentirlo de nuevo. Sentirme poderosa, invencible. Inmensa.
Por un momento sentí que ya no era yo y que esa extraña se había apoderado de mi cuerpo pero esa desconocida también era yo. Era parte de mi, como una extensión de mi cuerpo. Esta extraña no tenía vergüenza ni prejuicios y menos remordimiento, solo quería bailar y disfrutar la vida.
Y como una vajilla que se cae y se rompe, esa noche yo también lo hice.
Gracias por leerme,
━ @jotadejackie

